Tenéis la fea costumbre de asaltar mi pantalla en estas fechas y hacerme sentir realmente mal con mi perfecta visión del mundo.
Miraos bien. Ahí estáis. Sucios, desarrapados, con los mocos colgando y esas caritas de pena que regaláis a la cámara cada Navidad; porque se me hace un mundo pensar que malviváis así todo el año.
¿Cómo puede ser verdad todo eso que dicen? ¿Acaso no tenéis padres? ¿Y vuestros gobiernos?
¡Por Dios, el negrito ese con la boca llena de moscas se acaba de comer una! ¡Puaff, que asco! Si al final me haréis apagar la tele. ¡Madre del amor hermoso!
Cuando yo apuntaba vuestra edad, me enseñaron los curas que no es más rico quien mas tiene, si no quien menos necesita.
Convendréis conmigo entonces, que apelando al aforismo y sabiendo que nada anheláis porque nada material conocéis, me cueste entender el atraco a la conciencia que propináis a toda esa gente de orden y buen gobierno, que como yo, escoltado de esposa e hijo, se postra delante del televisor en Navidad con la intención de amenizar una velada; que de otra manera el silencio, cómplice de los problemas familiares que no deseamos afrontar, hubiera profanado.
Por qué deduzco que de nada material habéis oído hablar, ¿No es verdad? No entendéis de Wiis, ni de plays, ni del Cristo que las fundó. ¿Qué tenéis hambre? Bien, decidle a vuestros padres que vayan al “Súper”, ¿Qué tenéis sed? Acercaos a la fuente, ¿Qué no tenéis ropa? Id a robarla al mercadillo, ¿Qué tenéis fiebre? Vacunaos en el dispensario, pero… ¡No me jodáis más en Navidad, mocosos!
-¿Papá, podemos hacer algo por ellos?
¿Os dais cuenta de lo que habéis conseguido con esas moñerías? ¿Qué le contesto ahora a mi hijo? ¿Qué voy a llamar a esa ONG del tres al cuarto y les voy a ingresar cien euros, o que me espero a la gala Inocente del veintiocho por si mi llamada sale en la tele?, claro que tal vez, lo más sensato sería decirle la verdad: que con mi dinero o sin él, y en el mejor de los casos; si lográis sobrevivir a la inanición de los cinco primeros años, moriréis igualmente de malaria, cólera o sida cuando seáis un poco más mayores; y en el peor, quedaréis mutilados de por vida merced a una mina antipersona o pasados a machete por tutsis, hutus o su puta madre, que tanto monta, monta tanto.
Después de todo, sois meros inocentes. Si acaso, habéis tenido el infortunio de nacer en el país y sociedad equivocados. La verdadera culpa no es vuestra, aunque Dios os la demande. Los responsables directos de las desgracias que os adornan no son otros que aquellos Imperialistas de la segunda mitad del siglo XIX que dedicaron su baja estofa a repartirse un continente sin detenerse a pensar que en el mismo saco, obligaban a convivir tribus de ancestral animadversión. El resultado, un sinfín de guerras civiles, hambruna, mutilación y muerte.
Se me está ablandando el corazón, ¡no me toquéis más los cojones y desapareced de una vez por todas de la pantalla! ¿Dónde habré metido el dichoso mando a distancia?
-¿No te dan pena esos niños?
¡Acabáramos! Ahora es mi mujer la que apuntilla mientras que al negrito de la barriga hinchada y los ojos saltones que aparece en primer plano, parece faltarle el aire.
-Pues claro que me dan pena, coño, pero ¿Qué queréis que haga, que abra la billetera y reparta dinero por doquier? Si no sabemos siquiera si les llegara nuestra ayuda, quizá incluso se lo queden algunos para traficar con armas.
-Apadrinemos uno. O mejor, adoptémoslo
¡Y dale con la cantinela! ¿Será posible que no concluya todavía el anuncio? Ahora entiendo perfectamente la reacción de Jesucristo con los mercaderes en su periplo por el templo; y estoy apunto de soltar a voz en grito un: “¡Salvaos vosotros!”, cuando los colores, las modelos y una canción que reconozco, acuden solícitas a mi socorro y respiro por fin aliviado mientras apuro un brandy y me olvido del bebé, que con una sonda en la nariz y un gotero en el brazo, gritaba como un poseso en un orfanato de Malawi.
Vicente Puchol Mora
Gestor de cuentas de ArcelorMittal SSC España
Colaborador semanal de www.invermania.com



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